Las acciones de Boeing cerraron con una caída de 3.7%, hasta US$201.96, después de que la compañía reconociera nuevas presiones sobre sus programas comerciales y moderara las expectativas alrededor de su generación de efectivo.
Uno de los principales focos continúa siendo el 777X. Boeing anticipa que una parte de las pruebas necesarias para certificar su nuevo avión de fuselaje ancho podría extenderse hasta 2027, aunque mantiene su objetivo de comenzar las primeras entregas durante ese mismo año.

El calendario enfrenta ahora un desafío relacionado con la certificación de un componente del motor GE9X, desarrollado por GE Aerospace. Este nuevo ajuste prolonga la espera de un programa cuya entrada en servicio estaba prevista originalmente para 2020 y que resulta esencial para competir por el mercado internacional de vuelos de larga distancia.
En julio, Boeing informó que la flota de pruebas del 777-9 había superado las 4,800 horas de vuelo y completado cerca de 1,700 operaciones. Sin embargo, solo alrededor de la mitad del programa previsto para su certificación había sido concluido.
La reacción de los inversionistas también estuvo marcada por el panorama financiero. Boeing mantuvo su proyección de generar entre US$1,000 millones y US$3,000 millones en flujo de caja libre durante 2026, pero reconoció que superar el punto medio de ese rango —US$2,000 millones— se ha vuelto menos probable.
El problema no se limita al 777X. La producción del 737 MAX todavía no logra estabilizarse en 47 unidades mensuales debido a restricciones en la fabricación de alas. Al mismo tiempo, el aumento de producción del 787 Dreamliner avanza con menor velocidad por la disponibilidad de motores y demoras en la certificación de algunos asientos premium. Menos entregas significan también una entrada de efectivo más lenta.
Boeing había mostrado avances durante el segundo trimestre, con ingresos de US$24,600 millones, 171 aviones comerciales entregados y US$631 millones en flujo de caja libre. Su cartera total de pedidos alcanzó además un récord de US$715,000 millones.
La demanda, por tanto, no parece ser el principal desafío. La verdadera prueba está en transformar esa cartera en aviones certificados, entregas constantes y efectivo disponible. Para Boeing, recuperar la confianza de Wall Street dependerá menos de los pedidos anunciados y más de su capacidad para convertir cada promesa operativa en resultados medibles.
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