El posible ajuste no respondería únicamente a una renovación de diseño o a nuevas prestaciones. El principal factor estaría dentro del dispositivo: el encarecimiento de las memorias DRAM y del almacenamiento flash, componentes cuya demanda se ha intensificado ante la expansión de los centros de datos y la infraestructura para inteligencia artificial.

Diversos análisis de costos estiman que la presión sobre estos insumos podría elevar de forma considerable el valor de fabricación de los modelos Pro. Para Apple, la decisión estará en cuánto de ese incremento absorberá dentro de sus márgenes y cuánto trasladará al precio final de venta.
Por ahora, la compañía no ha presentado oficialmente la línea iPhone 18 ni ha confirmado especificaciones, fecha de lanzamiento o precios. Por eso, los US$1.399 deben entenderse como una proyección del mercado y no como una cifra definitiva.
Más allá del número, la conversación refleja un cambio relevante en la industria móvil: en una etapa donde la inteligencia artificial demanda cada vez más capacidad de procesamiento y memoria, los componentes que antes quedaban fuera de la conversación del consumidor podrían comenzar a influir directamente en el precio de los teléfonos premium.
Para mercados como Panamá y Latinoamérica, donde el precio local depende además de impuestos, distribución y tipo de cambio, un incremento en Estados Unidos podría ampliar aún más la distancia entre las generaciones anteriores y los nuevos modelos insignia de Apple.
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