El oro vuelve a ocupar una posición central dentro de las perspectivas de inversión para 2027. Morgan Stanley considera que el metal cuenta con condiciones para superar nuevamente los US$5.000 por onza troy, aunque advierte que el recorrido estará marcado por correcciones y episodios de volatilidad.
La proyección llega después de que el precio alcanzara antes de lo previsto el objetivo de US$4.450 establecido por el banco para el cuarto trimestre de 2026. Para Amy Gower, estratega de materias primas de metales y minería de Morgan Stanley, existe un camino hacia niveles superiores a los US$5.000 durante el próximo año, pero no necesariamente mediante un avance continuo.
Más que anticipar una escalada sin interrupciones, el análisis plantea una recuperación sostenida del oro después de las fuertes oscilaciones registradas durante 2026. El metal llegó a superar los US$5.400 a comienzos del año antes de experimentar una corrección, por lo que el objetivo señalado para 2027 representaría el regreso a una franja elevada, aunque no implicaría automáticamente un nuevo máximo histórico.

Menos presión desde las tasas de interés
Una de las principales variables detrás de la perspectiva es la menor probabilidad de nuevos incrementos en las tasas de interés de Estados Unidos. El oro no genera intereses, por lo que suele perder atractivo cuando aumentan los rendimientos de los bonos y otros instrumentos financieros. En cambio, un escenario de tasas estables o descendentes reduce esa desventaja.
Morgan Stanley espera que la Reserva Federal mantenga su política monetaria sin cambios durante el resto de 2026, antes de posibles reducciones durante los primeros meses de 2027. Este escenario podría disminuir los rendimientos reales y favorecer una nueva entrada de capital hacia activos considerados instrumentos de diversificación.
La Reserva Federal mantuvo en julio su rango de referencia entre 3,50% y 3,75%, mientras evalúa la evolución de la inflación, el empleo y la actividad económica. Cualquier modificación en esa trayectoria podría alterar las perspectivas para el oro.
Una inflación más persistente o un nuevo aumento de las tasas fortalecerían los rendimientos de los activos financieros tradicionales y limitarían el avance del metal. Por el contrario, señales de desaceleración económica o una política monetaria más flexible podrían impulsar nuevamente su demanda.
Los inversionistas regresan a los fondos respaldados por oro
La menor expectativa de incrementos en las tasas ya comienza a reflejarse en los fondos cotizados respaldados por oro. De acuerdo con el análisis de Morgan Stanley, estos vehículos incorporaron cerca de 70 toneladas durante julio y agosto, después de registrar salidas aproximadas de 93 toneladas entre mayo y junio.
Este cambio sugiere que parte del capital institucional está regresando al metal después de varios meses de cautela. Los fondos cotizados permiten obtener exposición al precio del oro sin adquirir físicamente lingotes o monedas, por lo que sus movimientos suelen ofrecer una lectura sobre el interés financiero de corto y mediano plazo.
El comportamiento de estos fondos será una de las variables que determinará si el oro logra mantenerse por encima de los US$5.000. Una entrada sostenida de capital podría reforzar la demanda, mientras que nuevas salidas aumentarían la presión sobre los precios.
Los bancos centrales sostienen la demanda
Las compras oficiales continúan funcionando como uno de los soportes estructurales del mercado. Los bancos centrales adquirieron aproximadamente 289 toneladas de oro durante el segundo trimestre de 2026, un aumento de 62% frente al mismo periodo del año anterior, según los datos más recientes sobre la demanda mundial.
Aunque el ritmo acumulado durante la primera mitad del año fue el más moderado desde 2022, la recuperación del segundo trimestre confirmó que el oro continúa desempeñando un papel estratégico dentro de las reservas internacionales.
Una encuesta realizada entre administradores de reservas mostró que 89% espera un aumento de las tenencias mundiales de oro durante los próximos doce meses. Además, un récord de 45% anticipa incrementar las reservas de su propia institución, de acuerdo con el sondeo de bancos centrales de 2026.
Esta acumulación responde a una estrategia de diversificación. Frente a las tensiones geopolíticas, las fluctuaciones de las monedas y las dudas sobre la sostenibilidad fiscal de las principales economías, las autoridades monetarias buscan reducir la concentración de sus reservas en determinados activos y divisas.
El riesgo fiscal gana protagonismo
Las preocupaciones alrededor del endeudamiento público y el crecimiento de los déficits también favorecen la narrativa del oro. Cuando aumenta la incertidumbre sobre la capacidad de los gobiernos para equilibrar sus finanzas, los inversionistas tienden a buscar activos cuya valoración no dependa directamente de la solvencia de un Estado o de una empresa.
El metal funciona en este escenario como una reserva de valor, aunque su comportamiento no está exento de contradicciones. Un deterioro fiscal puede impulsar la demanda de oro, pero también elevar los rendimientos de los bonos y fortalecer temporalmente al dólar, dos movimientos capaces de presionar su cotización.
El resultado dependerá de cuál de estas fuerzas tenga mayor peso. Por esa razón, Morgan Stanley mantiene una perspectiva favorable para 2027 sin descartar movimientos bruscos en ambas direcciones.
Para los inversionistas de Panamá y América Latina, el escenario adquiere una dimensión adicional. El oro se cotiza internacionalmente en dólares, pero su precio efectivo en cada mercado también depende del comportamiento de las monedas locales, los costos de intermediación y la forma utilizada para obtener exposición al activo.
El pronóstico por encima de US$5.000 no representa una garantía, sino una lectura sobre las condiciones que podrían sostener la demanda. Las decisiones de la Reserva Federal, las compras de los bancos centrales, los flujos hacia fondos cotizados y la evolución fiscal de Estados Unidos marcarán el verdadero recorrido del metal.
En un mercado acostumbrado a reaccionar rápidamente ante cada cambio monetario o geopolítico, la historia del oro en 2027 podría estar definida tanto por su capacidad para recuperar terreno como por la volatilidad que acompañe ese proceso.
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