La inteligencia artificial comienza a dejar resultados concretos en América Latina: análisis financieros que se generan en segundos, procesos de desarrollo de software más rápidos y operaciones mineras que aprovechan mejor sus recursos. Sin embargo, el liderazgo regional cambia según se examine el uso entre la población, la capacidad tecnológica de cada país o los beneficios obtenidos por sus empresas.
El Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial 2026, presentado el 20 de octubre por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y el Centro Nacional de Inteligencia Artificial de Chile, sitúa a Brasil, Chile y Uruguay en el grupo de países pioneros. La clasificación contempla infraestructura, talento, investigación, adopción y gobernanza; por tanto, ofrece una medida de madurez del ecosistema, no un ranking de rentabilidad económica atribuible a la IA.
Brasil: la banca convierte los datos en capacidad operativa
Brasil ofrece uno de los ejemplos más claros de incorporación de IA a una actividad central del negocio: el crédito. Nubank utiliza sus modelos NuFormer para apoyar decisiones sobre tarjetas y préstamos, integrando el análisis de datos directamente en la operación financiera.
En sus resultados del primer trimestre de 2026, la compañía informó que su transformación con IA estuvo acompañada de un aumento interanual del 50% en el rendimiento de ingeniería y de ciclos de prueba un 90% más rápidos. También señaló que, en Brasil, sus sistemas valoran y aprueban individualmente solicitudes de préstamos personales en menos de un segundo.
Estas cifras corresponden a resultados reportados por la empresa, con operaciones en varios países. Su relevancia reside en mostrar una aplicación que modifica procesos de trabajo y atención al cliente, sin que pueda extrapolarse automáticamente al conjunto de la economía brasileña.
Chile: una aplicación industrial con resultados documentados
En Chile, la minería permite observar beneficios que anteceden al auge de los asistentes generativos. Codelco documentó en agosto de 2022 que la incorporación de inteligencia artificial en Chuquicamata había elevado la producción de la operación en más del 2%, equivalente a unas 8.000 toneladas adicionales de cobre fino. La compañía estimó entonces un beneficio aproximado de US$80 millones anuales.
La tecnología procesaba información del mineral y de las distintas etapas de producción para ayudar a los equipos a ajustar la operación. Se trata de un antecedente económico concreto, fechado en 2022, que demuestra cómo la IA puede aportar valor dentro de una industria estratégica.
La expansión continúa: en septiembre de 2026, Codelco anunció la habilitación de 5.500 licencias de Microsoft 365 Copilot. Ese despliegue refleja una ampliación de capacidades, aunque por sí solo todavía no cuantifica nuevos ahorros o ganancias de productividad.
Uruguay: capacidad institucional y aplicaciones públicas
Uruguay combina su posición entre los ecosistemas pioneros con proyectos orientados a problemas específicos del Estado.
El Laboratorio de IA para el Bien, impulsado por el LATU, Microsoft y otras instituciones, informó el 5 de octubre de 2026 sobre ocho proyectos desarrollados durante sus primeros seis meses: tres estaban completados y cinco tenían previsto culminar ese mes.
Las iniciativas incluyen extracción de información de documentos para facilitar trámites registrales, un asistente para consultar conocimiento interno de Ceibal y herramientas de detección temprana de plagas mediante imágenes aéreas. Son avances de implementación relevantes; su evaluación posterior permitirá conocer cuánto tiempo ahorran, qué errores reducen y cómo mejoran el servicio público.
México: información empresarial disponible en segundos
México aporta ejemplos de integración de IA en compañías con operaciones internacionales. Cemex desarrolló LUCA Bot para consultar y analizar información financiera y operativa mediante una interfaz conversacional.
Un caso publicado por Microsoft en julio de 2026 señala que alrededor de 100 altos ejecutivos utilizaban la herramienta y que podían generar análisis en menos de cinco segundos. El sistema permite comparar mercados, producción y costos energéticos entre regiones.
El resultado documentado es una mayor velocidad de acceso y análisis de información. Su traducción en rentabilidad requiere medir también la calidad de las decisiones y sus efectos sobre la operación.
Costa Rica: liderazgo en uso ciudadano y servicios especializados
Costa Rica encabeza la adopción de IA generativa entre la población de los países evaluados por el ILIA 2026: el 25,1% de las personas de entre 15 y 64 años utiliza activamente estas herramientas. República Dominicana alcanza el 22%; Uruguay, el 20,9%; Colombia, el 20,4%; y Panamá, el 20,3%.
El ecosistema costarricense también participa en aplicaciones empresariales especializadas. CINDE documenta, por ejemplo, un centro de excelencia de Johnson Controls vinculado a OpenBlue, plataforma que incorpora diagnóstico remoto, mantenimiento predictivo y evaluación de riesgos mediante IA.
Estos desarrollos muestran una participación que va más allá del consumo de asistentes digitales, aunque no constituyen una medición nacional de beneficios económicos.
Colombia: expansión empresarial con una brecha de aprovechamiento
Colombia ilustra la distancia entre adoptar una herramienta y transformar una organización. Un estudio de Strand Partners para Amazon Web Services, basado en encuestas a 1.000 líderes empresariales y 1.000 ciudadanos, situó la adopción empresarial en el 42%, frente al 34% del año anterior.
Entre las empresas que utilizaban IA, el 74% se concentraba en aplicaciones básicas, mientras el 12% había alcanzado una etapa de integración más transformadora. Esta última proporción describe madurez de uso, no el porcentaje de compañías rentables gracias a la tecnología.
Para Panamá, el nivel de uso ciudadano abre una oportunidad que merece una evaluación empresarial más precisa. En actividades como logística, banca, comercio y turismo, el siguiente paso consiste en identificar procesos concretos y comprobar si la IA reduce tiempos, mejora la atención o permite operar con mayor eficiencia.
La lectura regional apunta a un criterio común: los resultados más convincentes aparecen cuando la tecnología se conecta con una necesidad específica y con indicadores verificables. Los países que logren extender esa capacidad a más empresas e instituciones estarán mejor posicionados para convertir la adopción actual en productividad sostenida.
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