Para la mayoría, acumular una deuda de US$1.200 millones sería una señal de alarma. Para Robert Kiyosaki, en cambio, se trata de una decisión deliberada. El empresario asegura que utiliza capital prestado para controlar inversiones capaces de generar ingresos, en lugar de destinarlo al consumo personal.

La cifra reapareció en junio de 2026, cuando la plataforma oficial de Rich Dad publicó un episodio en el que afirma que Kiyosaki mantiene ese nivel de deuda y pretende seguir utilizando financiamiento. Su argumento parte de una distinción recurrente dentro de su filosofía: una obligación puede ser productiva cuando financia activos cuyo flujo de caja cubre las cuotas, los gastos operativos y todavía deja un excedente.
La estrategia se relaciona principalmente con el apalancamiento inmobiliario. En lugar de pagar completamente una propiedad con capital propio, el inversionista combina financiamiento bancario y recursos de terceros para controlar un activo de mayor valor. Si los alquileres superan el servicio de la deuda y los demás costos, el retorno sobre el dinero invertido puede aumentar.
Sin embargo, el tamaño de la cifra no permite evaluar por sí solo la salud financiera de Kiyosaki. La publicación no presenta un desglose sobre tasas, vencimientos, garantías ni la proporción correspondiente a obligaciones personales, sociedades o proyectos específicos. Por eso, los US$1.200 millones deben entenderse como una cantidad declarada por el propio empresario, no como una deuda personal comprobada mediante estados financieros públicos.
Incluso la metodología de Rich Dad reconoce que el llamado “endeudamiento bueno” conserva riesgos reales. Una caída en la ocupación, el aumento de los intereses, gastos inesperados o condiciones adversas de refinanciamiento pueden transformar rápidamente una inversión rentable en una carga difícil de sostener.
Para Panamá y otros mercados de Latinoamérica, la lectura más valiosa no consiste en imitar la magnitud de Kiyosaki, sino en comprender el principio empresarial detrás del titular: la deuda solamente funciona como estrategia cuando el activo produce suficiente efectivo, existe un margen de seguridad y los riesgos han sido calculados.
La verdadera pregunta, entonces, no es cuánto se debe, sino qué respalda esa deuda, quién responde por ella y cuánto dinero genera cada mes.
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